Durante
muchos años hemos escuchado personas decir: Dios me mostró esta persona para mi…
Desde que la vi me di cuenta de que era la persona que Dios tenía para mí. Sin
duda que frases como estas no nos son ajenas entre nuestro círculo familiar
sobre todo cuando este es creyente.
Mucho
tiempo después hemos sido testigos con nostalgia del rompimiento de dichas
relaciones y nos preguntamos: ¡Dios no se la mostró? ¿Por qué pues fracaso esa
relación, se equivocó Dios?
Sin
duda que podemos aseverar sin margen de error que Dios nunca se equivoca, él es
perfecto y sabio por naturaleza. Sin tratar de defender a Dios, de hecho Dios
no necesita que lo defendamos, lo que ha pasado en muchos casos es que esa
primera impresión ha sido más una motivación del corazón que una señal divina.
La
Biblia no nos dice que Dios ha elegido una persona especial para nuestro
matrimonio, tampoco dice que todos deben casarse porque es el plan y propósito de Dios para el hombre
o la mujer, pero si nos da varias indicaciones que deberían tenerse en cuenta a
la hora de escoger la persona ideal para comprometerse. Uno de estas es “no
unirse en yugo desigual” es decir no comprometerse con una persona que no
profese su misma fe en Dios, la Biblia llama a esta persona “incrédulo” (II Corintios
6:14-15). En I Corintios 7:39, el apóstol Pablo habla de la libertad que tiene el
creyente para casarse pero dice que en el Señor, es decir, una persona temerosa
de Dios, que agrade a Dios en sus pensamientos y acciones. Es claro que la
Biblia no enseña como casarnos con la pareja correcta.
La
Escritura da por sentado que como creyentes en Cristo nuestros pensamientos,
actitudes y acciones se orientan en la dirección correcta y si una pareja cristiana
comprende lo que Dios exige, lo que espera de cada uno, lo más natural es que
ya cuentan con el ingrediente necesario para formalizar una relación.
Un tabú
que existe es pensar que uno puede encontrar personas perfectas, si ese es su pensamiento
lo más probable es que usted se quede solo, no existen personas perfectas, ni
relaciones perfectas, existen personas nuevas con una mente renovada por el
poder del Espíritu Santo.
Retomando
la idea inicial de si Dios escoge quien ha de ser nuestra pareja es importante
saber que Dios respeta las decisiones humanas, su libre albedrío y los gustos
de cada cual.
Puede
ser que algunos momentos las circunstancias
coincidencia y que la persona que es objeto de tu admiración sienta vea en ti las al conocerte señales de un
posible partido para su vida, pero es muy difícil que sin darse el espacio de
tiempo necesario para tratarse mutuamente puedan llegar a formalizar su unión
con éxito. Dios permitió que Abraham enviara a su criado con algunas
especificaciones y hallará éxito en su viaje( que fuera de su misma linaje y
temerosa del Dios de Abraham) para la escogencia de la esposa de su hijo.



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