sábado, 15 de marzo de 2014

¿SERÉ YO?

Y JOSUÉ HIJO DE NUN Y CALEB HIJO DE JEFONE QUE ERAN DE LOS QUE HABÍAN RECONOCIDO LA TIERRA, ROMPIERON SUS VESTIDOS, Y
HABLARON A TODA LA CONGREGACIÓN DE
ISRAEL, DICIENDO: LA TIERRA DONDE PASAMOS PARA RECONOCERLA”, ES TIERRA  EN GRAN
MANERA BUENA”
NÚMEROS 14:6-7


NÚMEROS 14: 6-7

Si algo va mal en nuestro hogar,  en el trabajo; las relaciones con otras personas  o en la iglesia buscamos el problema en el otro. Pocas veces hacemos análisis objetivos donde nosotros seamos medidos con el mismo lente con que juzga a otros.

Tengo que confesar que en  constantes  oportunidades he sido víctima  de esta manera de actuar. Me he dejado influenciar desde mi  interior por mis conceptos preconcebidos y análisis personal y he obrado de maneras  que no han ayudado a la solución del problema. Parece ser que esa tendencia humana que heredamos de Adán (de justificarnos) no  nos hemos  desprendido  y todavía rige muchas de nuestras acciones.

Deberíamos empezar por analizarnos nosotros mismos, quizá hallaríamos que somos parte de esa tensa situación que se vive en las relaciones. Si nuestro problema fuera la crisis de pareja o las relaciones con los hijos es necesario cuestionarnos como hemos influido para acrecentar esa crisis con nuestras palabras hirientes, frases negativas, poca atención, falta de diálogo y la ausencia de brindar espacios acompañados de una calidad de tiempo.

Si nuestros problemas fueran  el manejo del dinero observar como administramos  mis gastos y que correctivos estoy tomando para llegar a una salida que beneficie a todos. El bien general prima sobre el interés propio. Si nuestra   iglesia es poco amistosa ¿Lo hace usted? ¿Hay hostilidad entre los miembros del hogar, trabajo e iglesia?  ¿Cuál es nuestra  actitud y comportamiento? ¿Qué concepto tienen los demás de mí? Puede que encontremos o no las respuestas dentro de  nosotros mismos, pero una cosa si es necesaria y es que debemos estar seguros de que no somos parte del problema antes de empezar a acusar a los demás. El anhelo de Dios es que seamos prosperados en todo y esto incluye las relaciones que formamos.

El profeta  Habacuc expreso: “Jehová es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas…” Habacuc 3:19  y Pablo dijo: “Gracias sean dadas  a  Dios que me lleva siempre de triunfo en Cristo Jesús…” 2 Corintios 2:14. Entonces donde radican nuestros problemas en el hogar, iglesia o trabajo que no permiten ser prosperados? EL ABANDONO DE DIOS. Deuteronomio 8:11-18. Este  es el mayor problema que tienen los seres humanos para caminar en bendición.  Quizá muchos prosperan pero hay que analizar  qué  tipo de bendición estás experimentando ya que la que proviene de Dios no añade tristeza, genera en nuestro corazón la sensación de que es el resultado de una vida de obediencia.
Cuando el hombre se olvida de Dios pierde su comunión, su destino se torna nubloso, no discierne entre el bien y el mal, cae en un conflicto interno obrando en sus propios razonamientos.

Cuando el hombre se olvida de  Dios, regresa a su vida el dominio de aquellas  viejas cosas que lo conducen a obrar de una manera contraria a Dios y actúa como si Dios no existiese. Un claro ejemplo lo encontramos en el lamento de Jesús sobre su ciudad. Jesús lloró sobre  Jerusalén porque ellos no conocieron el tiempo de su visitación y era para ellos su paz. El abandono de Dios es el resultado del descuido de la oración, la lectura de la Palabra, el compañerismo, la piedad  y otras cosas que sostienen la vida cristiana. Al faltar estas disciplinas nuestra vida se vuelve monótona y resentida cayendo en la crítica de nuestros líderes, conyugue o hijos. Estamos llamados a Ser agentes de cambio, personas capaces de ver oportunidades donde otros ven desolación, ver esperanza donde otros ven ruina, ese es el espíritu que debe gobernar la vida del creyente que predica de un Dios que llama las cosas que no son como si fueran
Si detectamos que somos parte del problema y queremos ser proactivos debemos ser parte de la solución, más que quedarse mirando hacia atrás en lo que pudo haber sido y no fue construir nuevas realidades basadas en lo que está por delante y puede alcanzarse. Si queremos lograr  lo que está por delante debemos llenarnos de tres cosas:

· DIOS. Este es el motor fundamental, es el cerebro de toda actividad exitosa, sin Él nada podemos hacer que este conforme a su perfecta voluntad.

· MOTIVACIÓN. Sin duda la MOTIVACIÓN juega papel importante en cualquier actividad en la vida, sin ella no podemos alcanzar grandes cosas lo contrario a ella es la DESMOTIVACIÓN. La vida sin Dios y sin desafíos no tiene sentido, los desafíos nos ayudan a comprender  nuestro potencial y capacidad de cambio para enfrentar las diferentes problemáticas de la vida. Dios nos motiva a que “Todas vuestras cosas sean hechas con amor” 1 Corintios 16:14. Otro factor que desmotiva es la confesión negativa de palabras sea personal o de otros. Caleb y Josué sintieron ardor en sus corazones ante la pobre visión del pueblo. (Proverbios 14:23; Eclesiastés 9:10-11).

· APROVECHAMIENTO TALENTOS Y DONES Si alguien nos escoge para una tarea es porque confía en nosotros. ¿Será que Dios se equivocó al escogerte? Pienso que no, Él jamás se equivoca, entonces  el problema eres tú y soy yo.

  Hoy necesitamos personas con la visión de Caleb y Josué capaces de infundir  ánimo, siervos que se muevan en fe y más allá  de lo que la vista y la situación presente vean un cúmulo de oportunidades esperando por conquistar.

  Hoy necesitamos personas con visión emprendedora que asuman retos y desafíos grandes, capaces de cambiar la historia de su hogar, iglesia,  hijos, que abandonen de su vocabulario palabras como crisis, no se puede, ya no hay tiempo, por frases alentadoras como lo intentaremos de nuevo, es posible, si se puede, en Dios haremos proezas. ¿En qué bando te gustaría estar?

CONCLUSIÓN

Cuando nos dejamos desanimar contagiamos a otros y perdemos múltiples bendiciones de Dios, por lo cual es necesario que seamos de los que infunden aliento en medio de las actitudes y palabras desalentadoras. El ejemplo de Josué  y Caleb es pertinente para aquellos siervos y siervas que desean moverse conforme a la visión de Dios.




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